Nuestras Marchas Fúnebres

Marchas fúnebres: la vía sacra musical de la Semana Santa en Guatemala Celso A. Lara Figueroa Universidad de San Carlos de Guatemala Pensar en la Semana Santa en Guatemala es abrir un "hoyito en el perraje" de este envoltorio mágico que es Guatemala. Es asomarse a la auténtica identidad de los Hombres y los Héroes que viven en esta ubérrima tierra de sortilegios del sur de Mesoamérica. La Semana Santa y el abanico de manifestaciones religiosas, culturales y artísticas que genera, es el nódulo del alma nacional guatemalteca desde tiempos inmemoriales, desde hace más de quinientos años, cuando el cristianismo afincó sus lares en la tierra del Mayab. Guatemala no puede entenderse sin la Semana Santa, así como no puede existir una Semana Santa guatemalteca sin marchas fúnebres procesionales.

Las marchas fúnebres guatemaltecas constituyen el mayor aporte que Guatemala ha dado al desarrollo de la música occidental. Surgidas en el seno de la sociedad guatemalteca a finales de siglo XVI, con el fin de acompañar los cortejos procesionales de sepultados y nazarenos durante la Semana Mayor, tanta intra como extra muros, se convirtieron con el paso de los siglos, en el canto fúnebre del guatemalteco, en la auténtica música popular de nuestro país.

La más antigua marcha fúnebre procesional que se tenga noticias en nuestro suelo fue la compuesta para la procesión del Cristo de los Reyes de la Catedral de Santiago de Guatemala, en el año del Señor de 1595; de autor anónimo, la partitura incompleta de la misma puede consultarse en los archivos catedralicios. De clara procedencia veneciana, las primeras marchas fúnebres fueron compuestas por los maestros de capilla de los templos santiaguinos y de cabezas de curato y provincias en donde existiese además de un cura evangelizador y un maestro de capilla, incluso de ascendencia indígena, sin mayores conocimientos de la teoría y la práctica del órgano y de los instrumentos de metal.

No obstante, rápidamente pasó a formar parte de la herencia social de los maestros músicos integrantes de las bandas de instrumentos de metal, madera y percusión que desde tempranos tiempos se instauró en Guatemala. Puede afirmarse que hacia la segunda mitad del siglo XVII, las marchas fúnebres estaban lo suficientemente difundidas y afincadas en todo el territorio del Reyno de Guatemala, y desde entonces se han convertido en la verdadera expresión del espíritu colectivo del guatemalteco de todos los grupos sociales y étnicos que habitan este suelo.

La presencia de la marcha fúnebre es tan honda que matiza toda la vida sacra del guatemalteco.